Conmoción en La Pampa: Acusan a un chico de asesinar a hachazos a dos jubilados

Gesto-Santa-RosaGENTILEZA-DIARIO-ARENA_CLAIMA20130719_0064_17 Tiene 16 años. Un cómplice de 17 lo señaló como autor del doble crimen, ocurrido en un asalto a una casa. Ya tenía antecedentes por robos a ancianos. Su madre recuperó la libertad hace solo unos meses.

Hay otros tres detenidos, pero la investigación policial y judicial lo ubica como autor material del doble asesinato.

La muerte de Luis Epifanio y Graciela Torrent conmovió a la ciudad de Santa Rosa. Lucía Epifanio (23), nieta de ambos, se encontró con sus cadáveres el jueves de la semana pasada, cerca de las diez de la noche.

El asesinato fue despiadado.

La joven describió que su abuela estaba cerca de la puerta, en medio de un charco de sangre. Tenía un profundo tajo en la garganta. En la pieza encontró el cuerpo de su abuelo con varios cortes en la cabeza. El hombre era discapacitado –había sufrido la amputación de una pierna a causa de una enfermedad– y no pudo ni siquiera intentar defenderse.

En la misma escena estaba el arma utilizada en el doble crimen: un hacha de mano, que la pareja usaba para cortar la leña con la que alimentaban una salamandra que calefaccionaba su casa.

El chico, M.R., de 16 años, fue detenido el viernes, unas doce horas después del hallazgo de los cuerpos. La Brigada de Investigaciones pampeana detuvo luego a D.T., otro menor, de 17 años, que confesó que todo se desató por un robo, según revelaron fuentes de la investigación.

Después de ese testimonio fue detenido un mayor de edad, Kevin Ganora (21 años), quien también habría entrado a la casa de los Epifanio. “Lo que relata el chico de 17 años es que Ganora salió de la casa y dijo: ‘Vamos que se fue de las manos, se pasó de rosca’”, en una aparente alusión a que el más chico del grupo había asesinado a las víctimas, confió un investigador.

La detención del adolescente sospechoso se produjo en un barrio social en el norte de la ciudad. Pero hubo un operativo en otro barrio (uno de los sectores más conflictivos de la capital pampeana), a 300 metros de la casa de las víctimas, donde vive el chico de 17 años que confesó lo ocurrido.

Allí se secuestraron prendas (un pantalón y una campera) y una moto que pertenece al menor señalado como autor del doble crimen.

Las pericias comprobaron luego que la ropa secuestrada también era del presunto asesino. De la casa de un familiar suyo, la Policía también se llevó guantes de jardinería que –creen– usó para empuñar el hacha.

La historia de M.R., el chico sospechado de los asesinatos, es la de un niño rodando por varias ciudades.

Siguió el itinerario carcelario de su madre, Carolina R., quien hace pocos meses salió de la Unidad Penal 13. Su padrastro, en tanto, está detenido en la Colonia Penal de Santa Rosa.

“Puede haber entrado a robar; pero matar, no”, defendió la mujer a su hijo. Ella insiste en que el menor no puede haber cometido este doble crimen. Aunque admitió: “Claro, soy la madre y la última que lo va a reconocer”. También denunció que a su hijo lo golpearon en la Brigada de Investigaciones.

En su Facebook, M.R.

se muestra con un revólver en su mano derecha. “M.R. No Seeas Tann Loocooo A KIEN vAAS a maaatar”, l e pregunta una de sus amigas en esa red social; “A voss…… jaja”, le responde el chico.

La imagen tiene 10 “me gusta” y, hasta anoche, había sido compartida una vez.

En el resto de su página, el adolescente tiene unas pocas fotos más; solo una de ellas lo muestra con un grupo de amigos y amigas.

A pesar de sus recién cumplidos 16 años, M.R., ya pasó por el Instituto Provincial de Educación y Socialización de Adolescentes. Un lugar que, a pesar de su nombre, tiene aspecto de cárcel. Estuvo 6 meses internado allí el año pasado. Fue por su participación en el robo a dos ancianos, junto a otros dos cómplices.

En las últimas horas, el doble crimen de Santa Rosa sumó un cuarto detenido, pero hasta ayer no había trascendido el rol que tuvo en el hecho.

La jueza de Garantías, Florencia Maza, impuso el secreto del sumario.

“El móvil del crimen es el robo”, aseguró, de todas formas, el fiscal Alejandro Ongaro a pocas horas de haber empezado a investigar el caso.

La nieta de los Epifanio, Lucía, confirmó que su abuela tenía unos 2.000 pesos guardados en una cartera que no aparecieron. Y aseguró que no guardaban grandes sumas porque se movían con tarjeta de crédito. “Ni siquiera la de débito usaban”, aseguró.

En la escena del crimen, además del arma homicida, había colillas de cigarrillos. Los investigadores afirman que quienes ingresaron a la casa estuvieron fumando en el lugar y permanecieron varios minutos antes de escapar. Ahora se harán pericias de ADN para cotejar esas pruebas con el código genético de los detenidos.

 

 

 

 

 

Fuente: www.clarin.com

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